Mandhoo Island

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Mandhoo. La isla perdida.

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MALDIVAS

Si tuviera que quedarme en una isla, de todas las que vimos en el viaje, sería sin duda alguna esta.

¿Cómo la descubrimos?

Como ya sabéis, si habéis leído los posts anteriores, nosotros fuimos sin ruta programada, improvisando cada isla. Así que un día, en el ferry de camino a Himandhoo, conocimos a Farey, un chico súper simpático que empezó a hablar con nosotros en inglés. Resulta que era uno de los ‘concejales’ de la isla en la que vivía, Mandhoo. Estuvimos charlando todo el viaje y al final acabó invitándonos a su isla.

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Nos contó que la isla todavía no estaba preparada para el turismo porque ni siquiera había hotel y tan sólo contaba con un restaurante local. Nos dijo que si íbamos nos podíamos quedar en la casa de un amigo suyo que en ese momento no vivía allí. Le hacía mucha ilusión que fuéramos los primeros turistas que iban a quedarse a la isla y nos prometió que nos llevarían de pesca y de excursión totalmente gratis. Y así fue como descubrimos este maravilloso lugar y a su maravillosa gente.

Nos dimos el facebook y quedamos en escribirnos en los días siguientes para concretar. Nos explicaron que tenían que ir a recogernos en lancha privada porque el ferry no llegaba hasta allí. En otro lugar, en otro país, no se nos habría ocurrido hacer esta locura de irnos en una lancha con unos desconocidos a una isla perdida y a una casa local, pero Maldivas, os lo aseguro, es muy seguro y la gente es increíblemente amable y educada. No tienes miedo en ningún momento, ni por la noche en las calles más oscuras, de verdad.

Cumplieron su promesa y vinieron a recogernos en una lancha el día que dejábamos Himandhoo. Ese día amaneció nublado (gracias a dios porque la lancha no tenía techo) y el mar estaba como una balsa de aceite, no se movía ni un ápice. Fue algo mágico porque empezaron a saltar delfines por todas partes, habría cientos sin exagerar. Increíble.

Después de un par de horas, aproximadamente, llegamos a Mandhoo. Nos recibió un montón de gente, con flores y cocos. Era un día muy diferente al resto porque ningún turista había ido nunca a quedarse unos días en su isla. Después nos llevaron a la casa del amigo donde nos íbamos a quedar. Era para nosotros solos.

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Alucinamos un poco porque nos esperábamos algo mucho pero que mucho peor y nos pareció súper mona la casa, con su terracita y las plantitas alrededor. Además, estaba al lado de la playa. No tenía aire acondicionado, el baño y la habitación eran muy humildes y la decoración era más de lo mismo pero no es algo que nos importara lo más mínimo, las sábanas estaban limpias, olían bien y con eso, nosotros felices.

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Después de darnos un baño en la playa local ( yo con camiseta y pantalón corto) fuimos a comer al único restaurante que había en toda la isla, FUNBIY. Es una cabaña preciosa rodeada de un jardín con mucha vegetación. Súper agradable y uno de los pocos sitios en el que puedes encontrar algo de sombra.

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La comida aquí es, básicamente, lo que hay. Arroz, noodles, huevos, algo de pollo o pescado… y ya.
Y para desayunar lo mismo, ni zumito de naranja, ni fruta, ni tostadas ni na! jaja. Pero te acostumbras.

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Lo que nos pasó en este lugar la verdad es que fue un poco inusual y totalmente inesperado y maravilloso. En cada isla de Maldivas hay ‘concejales’ que se encargan de que haya orden, limpieza, etc… Bueno, pues como os decía al principio, Farey era el ‘concejal’ de Mandhoo y tenía un equipo de chicos jóvenes que le ayudaban en todo, ‘The team’ se llamaban ellos mismos.  Farey lo que hacía era motivarlos con distintas tareas para que entre todos consiguieran fomentar el turismo en su isla que estaba un poco apartada y de hecho cuando llegamos estaban construyendo un guest house para que los turistas se pudieran quedar ahí a dormir. Lo que hicieron cuando llegamos fue muy gracioso porque nos trataban como si estuviéramos en un resort, es decir; si íbamos a la playa, nos traían una colchoneta para tumbarnos, una sombrilla y agua, a la hora de cenar nos preparaban una mesa con comida que traían de sus casas en tuppers y simulaban que era una cena de un hotel y se quedaban de pie mirando mientras comíamos. Nos dijeron que querían practicar con nosotros como si su isla fuera un resort. Al principio estábamos flipando y nos moríamos de risa, pero después de unas horas así les explicamos que no queríamos eso, les hicimos entender (con mucha paciencia porque no lo entendían) que lo que queríamos era estar con ellos, comer con ellos todos juntos, bañarnos y disfrutar de sus rutinas y su vida ‘real’. Entonces empezaron a relajarse y poco a poco nos iban incluyendo en sus planes. Íbamos a pescar, hacíamos barbacoas por las noches en la playa con lo que habíamos pescado e incluso un día acabamos jugando a la petanca con coquitos que había por la arena. Nos enseñaron a preparar una barbacoa estilo maldivo y a cocinar el pescado con las especias picantes típicas de allí. Increíble.

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Una noche íbamos Julio, Nimal ( el chico de la camiseta verde caqui que está en medio en la primera foto) y yo caminando hacia la playa para preparar una bbq con el resto de los chicos y de repente unas señoras que estaban sentadas en la puerta de una casa tomando el fresco le dijeron algo en su idioma muy exageradamente ( gesticulando mucho y moviendo las manos).
Cuando nos alejamos un poco le pregunté qué le había dicho la mujer y su respuesta siempre se me quedará grabada: -Dice que por fin estoy haciendo algo bueno por la isla y no jugando a la play dentro de casa.
Y es que, eso es así. Si te paras un segundo, hasta que no piensas que estos chicos se pasan ‘encerrados’ en una isla desde que nacen, 24 horas los 365 días del año, no llegas a entenderlo. Pueden salir, pueden coger algún barco e ir a otras islas, nadie se lo impide, pero es más de lo mismo. Para ellos, que llegara gente nueva y que quisiera compartir todo con ellos era un soplo de aire fresco.

Para nosotros esta isla fue, por todo esto, la mejor. Porque de verdad sentimos que éramos dos más en su grupo, se preocupaban por nosotros, porque no pasáramos hambre ni calor, porque nos divirtiéramos pescando, y todo esto sin ningún interés oculto. No nos cobraron nada más que lo que pactamos por la casa ( que fueron 20$ por noche los dos) y la gasolina de ir a pescar que fueron como 5$. Las cantidades son irrisorias y obviamente no es lo que vais a encontrar si vais allí porque para eso están montando el guest house. Ese precio es el que nos hicieron a nosotros porque la casa era de un amigo que estaba fuera y fue como algo simbólico. Incluso un día nos trajeron langosta para cenar y tampoco nos cobraron nada.

¿Qué hacer en Mandhoo?

Si has llegado hasta Mandhoo es porque quieres algo diferente y no te basta con las típicas islas abarrotadas de turistas y con barra libre.

Debes dejar atrás cualquier expectativa. No hay wifi, no hay grandes lujos ni un buffet restaurante donde encontrar gran variedad de comida. Mandhoo es auténtica, única y especial. Para nosotros es tan encantadora que estuve a muy poquito de no hablar de ella en el blog  y tenerla reservada como un tesoro para nosotros.

En esta isla puedes descansar sin que nadie te moleste. Puedes bucear, pescar y tomar el sol, leer un buen libro, escribir o reflexionar sobre tu vida.

Excursión de los Robinson

Permanecer dos o tres horas en una isla desierta con una botella de agua y una sombrilla. Esta excursión es muy típica en Maldivas y es posible porque hay muchas islas completamente desiertas. La finalidad de esta excursión es que llegues a sentir lo que siente un auténtico náufrago. Y os aseguro que es curiosamente ‘claustrofóbica’, pero muy divertida. A nosotros nos encantó. Al cabo de dos horas empezamos a pensar si no volvían a buscarnos qué haríamos, qué comeríamos… Además buceando alrededor de la isla vimos varios tiburones. En fin una experiencia que hay que vivir.

Cuando volvieron a buscarnos hicimos un pequeño fuego en la arena y comimos noodles y pescado todos juntos.

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Maldivas

Después de comer fuimos a bucear por unos corales preciosos y agua cristalina hasta que empezó a atardecer y nos subimos al barco a disfrutar de los últimos rayos de sol. Ví que tenían una colchoneta inflable, de las grandes que parecen de matrimonio. La tiramos al agua y empezamos a saltar del barco a la colchoneta en la que resbalábamos y acabábamos en el agua. Otro momento difícil de explicar con palabras… Mejor os lo enseño:

La última noche que pasamos en Mandhoo fue muy especial y jamás la olvidaremos. Hicimos una barbacoa de pescado en la playa , como hacíamos cada noche, y cuando terminamos de recoger nos quedamos charlando un rato,  de todo y de nada. Al final no sé como se lió la cosa pero acabaron haciéndonos un concierto en la playa con tambores y cantos Maldivos, al que Julio acabó uniéndose y bailando a su ritmo.

Después del concierto fuimos al Funbiy ( el restaurante de la isla) y subimos a la parte de arriba de la cabaña. Unimos varias mesas y nos sentamos todos a tomar un refresco ( porque allí está prohibido el alcohol). Al día siguiente nosotros teníamos que madrugar mucho ya que sólo había un barco al día y salía al amanecer así que nos levantamos para despedirnos y pasó algo muy especial. Todo el mundo se levantó de golpe y se puso en círculo cogidos unos a otros por los hombros, como un equipo de rugby y nosotros nos quedamos un poco flipados, : -¿Qué pasa? pregunté yo.

-Es que cuando alguno de nosotros se va de la isla nos ponemos así y cada uno dice lo que piensa o lo que siente… Me explicó Farey.

Nosotros no dábamos crédito a lo que estábamos viviendo, la piel se me erizó y casi aparecieron lágrimas en mis ojos…

…Y así fue como nos terminamos de enamorar de esta isla, abrazados a 10 personas desconocidas mostrando abiertamente sus sentimientos a otros dos desconocidos. Y , entre otras cosas preciosas, nos prometieron que nunca nos olvidarían.

Nosotros a vosotros tampoco.

 

The team.

 

 

 

 

 

2 Comments
  • Silvana

    Reply

    Muy emocionante chicos! Me encantó el blog. Es justo la info q buscaba! Quiero ir a una isla accesible pero temía caer en una a la q ya no le queda nada de su esencia. Me pasó en tailandia y lo lamenté muchísimo. Gracias!

    • marina

      Silvana!, me alegra muchísimo que te haya servido un poquito 🙂 Disfruta mucho del viaje y si necesitas más info aquí estoy. Un beso y gracias por leer!

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